
Erase una vez, dos tribus: la Tribu Que No Se Rinde y la Tribu Del Pobre Yo. Una tomaba la vida por los hombros (o incluso màs abajo) y se avalanzaba hacia adelante, siempre adelante, sin importar las consecuencias, ya fueran fìsicas o mentales: èsta era la gente de la Tribu Que No Se Rinde. La otra tribu - la Tribu Del Pobre Yo -- veìa la vida desde el punto de vista opuesto: tìmidamente alejàndose del dolor, evitando desafìos fìsicos, buscando sòlo participar en actividades sin riesgo, con un constante masaje al ego porque los hacìa sentirse bien. Evitaban el dolor a toda costa. Si las cosas no salìan como ellos querìan, culpaban a otro, porque sus egos no podìan lidiar con el ego. Afortunadamente, la mayorìa de ellos fueron comidos por animales salvajes.
(Text completo de Lisbeth Darsh/CrossFit Watertown en Connecticut. Fotografìa cortesìa de Joe Waguespack/CrossFit SLA in Lousiana.)
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